El 90% de las financieras han cerrado sus puertas desde 2007.

Todo parecería indicar que los actuales son buenos momentos para las financieras que otorgan créditos rápidos y de fácil tramitación, sin embargo, la realidad es muy diferente. Dentro del sector calculan que un 90 por ciento de éstas ya ha cerrado sus puertas desde 2007, es decir que de unas 8 mil que funcionaban a todo pulmón antes de la crisis, están “vivas” alrededor de unas mil.

Por una parte, ya no existen muchas de estas financieras que, en muchas oportunidades, tramitaban las reunificaciones de deudas que permitían a los deudores hipotecarios reducir sus pagos mensuales a la mitad, y por la otra el negocio de los créditos rápidos está de capa caída. Son pocos los ciudadanos que piden créditos o lo hacen sólo en casos de necesidad extrema; de las solicitudes que reciben pocas obtienen el visto bueno debido a su estrategia de no asumir riesgos que puedan terminar generando más morosidad.

Buscando salidas

Según un estudio del Observatorio de la Financiación Familiar de la Agencia Negociadora el 71 por ciento de los deudores hipotecarios se muestra dispuesto a negociar fórmulas que le ayuden a aliviar la carga mensual de las facturas.

Esto lo confirma una investigación adelantada por la firma consultora Nielsen Consumer, la mismo arrojó que casi un 40 por ciento de los deudores revisa la opciones disponibles para mejorar las condiciones de créditos e hipotecas, de hecho las estadísticas del sector señalan que las solicitudes de reunificacion de préstamos ha aumentado en un 50 por ciento pero que debido a las restricciones actuales las operaciones formalizadas alcanzan apenas un 40 por ciento y quedan excluidas incluso familias que están a punto de perder sus casas.

Esto lo ilustran las estadísticas de los embargos hipotecarios que suman los 270 mil desde que empezó la crisis en 2007 y hasta el año 2010 cuando se ejecutaron 118 mil inmuebles. La Agencia Negociadora de Productos Financieros aseguró que el 31 por ciento de estos embargos pudo evitarse si se hubiesen pactado a tiempo las reunificaciones de sus deudas.

El directivo de Deloitte, Juan Manuel Martínez aclara que por ahora la inversión crediticia de los bancos no mostrará variaciones debido a la falta de liquidez del mercado y los elevados costes financieros que ha producido la crisis. Apunta que sólo el tiempo podría “mejorar marginalmente las condiciones de un préstamo”.

Todo tiempo pasado fue mejor

Los créditos rápidos tuvieron su época de oro. Su fácil y rápida tramitación que hacían que se pudiera disponer del dinero en uno o días, los llevaron a registrar un crecimiento acelerado. Hace diez años firmas como Eurocrédito o Cofidis crecieron aproximadamente un 30 por ciento anual.

El 2004 fue un año especialmente bueno para el conjunto de estas financieras, alcanzaron a otorgar préstamos rápidos por 11 mil 706 millones de euros, lo que representó un 40.7 por ciento más que lo negociado el año anterior. Tal fue el éxito de estas empresas que tanto bancos, cajas e hipermercados se sumaron a las mismas y empezaron a ofrecer créditos rápidos con un interés menor.

Posteriormente, el Banco de España acabó la fiesta: advirtió repetidamente sobre la morosidad de estos crédito, montada ya en un 5 por ciento, y apretaba diciendo que estos impagos podían aumentar.

En medio del recorrido que aún tenía el negocio, por ser España un mercado poco explotado en este sector, les pilló la crisis y el negocio se convirtió en uno de alto riesgo, porque los deudores tomaron la opción de pagar la hipoteca y dejar de pagar estos créditos.

La financiera Cofidis es un ejemplo emblemático de la situación actual que vive este sector, por lo menos las que han sobrevivido. En 2008 su negocio se encogió en un 40 por ciento y posteriormente, en 2009 lo hizo en un 25 por ciento y, aunque en 2010 su saldo positivo aumento en un 15 por ciento los mismos portavoces de Cofidis afirman que no es un indicador de que el mercado se este recuperando.

Desde la OCU ratifican este escenario e incluso su directiva Ileana Izverniceanu asegura que los préstamos al consumo “están prácticamente cerrados” y completa asegurando que “un contrato fijo ya no es garantía suficiente para el banco y también se tiene en cuenta el sector donde trabaje el solicitante del crédito”.

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