Los préstamos entre familiares deben notariarse para evitar problemas fiscales

Después de su peregrinar de una a otra agencia bancaria sin poder conseguir un duro para mantener su actividad comercial o enfrentar sus compromisos de pago, o comprar vivienda, particulares y empresas se han detenido a mirar su entorno más cercano buscando algún familiar que le “deje” algún dinero.

Desde la Federación de Usuarios y Consumidores Independientes, FUCI, su presidente, Pedro Romero (Castilla-La Mancha), asegura que se ha hecho cada vez más habitual aunque muchos no declaran formalmente que han tomado dinero prestado de algún familiar.

Es una operación ventajosa pues alivia el coste financiero del préstamo y el plazo de amortización suele ser más extenso.

Sin embargo sólo una minoría declara el préstamo entre familiares ante Hacienda. Si el crédito es para adquirir una vivienda, quien recibe el dinero podrá disfrutar disfrutar de beneficios fiscales. El problema es que si no lo hace, podría interpretarse como una donación con lo cual sería fiscalmente costoso para quien presta el dinero.

Para que la operación incluya la misma fiscalidad que un crédito personal otorgado por un banco o caja es necesario que se refleje en un documento que se presente ante un notario, para que deje constancia de que efectivamente, se ha otorgado el préstamo. Dicho documento debe contener tanto el importe, como la tasa de interés y la forma de pago, así como la mención de que dicho crédito estará destinado a la compra de una casa.

No obstante, al igual que si el préstamo se obtuviese de una institución financiera ya no se existen beneficios fiscales por la compra de inmuebles, pero se estaría informando de que no se trata de una donación que generaría un impuesto para quien la hace porque el beneficiario es un particular y no una institución.

Es oportuno mencionar que la administración tributaria inspecciona de cerca los préstamos entre parientes, observando con detenimiento si el beneficiario del préstamo tiene la capacidad económica suficiente para justificar el reembolso periódico de dicho préstamo; de lo contrario, sería evidente que estaríamos ante una simulación.

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